MARIO BENEDETTI, POETA DE LA LIBERTAD

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA (✟)

La Prensa nos informa: el novelista García Márquez y el poeta Uruguayo Mario Benedetti fueron condecorados en la República Cubana.

Hay un grupo, heroico, de poetas de la libertad. La mayor parte viven en el exilio.

El sistema nervioso de su poesía expresa un ardoroso complejo de distancias, de nostalgias, y una sed infinita de justicia.

A estos poetas les quitaron su patria; pero, con el decir de León Felipe, no les pudieron arrebatar el canto. Cierto: los poetas de la libertad, en el destierro, le han devuelto a la palabra su profundo contenido humano. Hacen estrofas líricas, solo que su lirismo es esencialmente humano.

Esta poesía –humanista, libertaria- ha alcanzado la síntesis de la forma y del contenido.

Sin menoscabo de la forma, de la sensibilidad, de la imagen, del ritmo, de la idea y, naturalmente, de la belleza, los poemas de Mario Benedetti, son un ejemplo de autenticidad vital. Dice lo que tiene que decir sin inventarse oscuridades, sin pretender la comunicación exclusiva con unos cuantos elegidos, los pocos, prescindiendo de las claves y de los subterfugios oníricos o surrealistas.

El estilo de Benedetti –así lo apreciamos- es directo, translucido, tan sencillo que se vuelve parte viva de una conversación, de un coloquio. Entonces, el vocabulario es el común y corriente, el de todos los días y sus imágenes –sin que la imagen se vuelva una preocupación única- pueden ser entendidas por cualquier lector son palabras, propiedad de todo el pueblo, pero son palabras limpias: palabras al alcance de obreros, de campesinos, de estudiantes y también de los niños.

Lejos de Benedetti el afán de escandalizar a quien lo lee con palabras malsonantes, exactamente con la manida pretensión de algunos escritores contemporáneos que se afanan por repetir todas las voces obscenas que se hallan a su alrededor.

Mario Benedetti -como Nicolás Guillén-, ha modificado género de la poesía épica.

Esta época, de lucha intensa, de inusitado furor, de opresiones y explotación sancionadas por el imperialismo y la indiferencia real de los órganos internacionales, “celosos de preservar los derechos humanos” respetando la supervivencia de los dictadores, solicita el concurso de sus poetas, de sus artistas, de sus pintores y sus músicos, para devolverle al hombre el amor a la libertad. Lógicamente es época de poesía épica, de garra, de combate. Benedetti le ha dado a la poesía épica un nuevo rumbo, un sentido original. Su poema al Che Guevara -comparándolo con otras producciones con el mismo tema-señala un cauce moderno. Solamente dos fragmentos en donde hace nido la calidad poética -del más alto lirismo- y la expresión de protesta, profundamente humana:

“dicen que incineraron

toda tu vocación

menos un dedo

basta para mostrarnos el camino

para acusar al monstruo y sus tizones

para apretar de nuevo los gatillos.

donde estés

si es que estás

si estás llegando

aprovecha por fin

a respirar tranquilo

a llenarte de cielo los pulmones

donde estés

si es que estás

si estás llegando

será una pena que no exista Dios

pero habrá otros

claro que habrá otros

dignos de recibirte

comandante.”

Por las venas de este poema-con su nueva épica-circula sangre de angustia.

Con todo y el estremecimiento que producen sus palabras innovadoras, Mario Benedetti, no pierde el tono discreto, la intimidad, la expresión coloquial que lo distingue y que lo convierte, así de fácil, en uno de los más preclaros valores de la poesía de habla castellana.

Su militancia política lo tiene encerrado dentro de un paréntesis de silencios prolongados, pero es uno de los poetas que más se leen en este continente, más apreciado y más solidariamente reconocido.

Mario Benedetti es un obrero del verbo. Ama su oficio y ha escrito poesía, cuentos, novela: ha amasado con su prosa, ágil, ondulante, con su chispazo poético, páginas de revolución permanente y, además, páginas que son un muestrario de poesía.