LA FE DE LA DUDA

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA

(In Memoriam)

Dudo, luego me muevo; me muevo, luego vivo; vivo, luego estoy creciendo; crezco, luego devengo más hombre.

Hace muchos insomnios que tengo dudas acerca de la fe. Tener fe en algo -me dije-inmoviliza. La fe es estática. La fe provoca certidumbre en algo que ya no se discute, ni se investiga, ni se disiente. El que no quiere se estaciona; el que no escudriña se mecaniza mentalmente.

El que duda no está seguro – esto parece obvio, pero no lo es-; el que no está seguro no está conforme. El inconforme acepta los problemas y busca la solución. Dudar entraña un conflicto. Afán de superarlo, élan vital, creador. En tanto se niega a aceptar una realidad establecida se rebela.

La duda es rebelión, protesta. Si se duda de algo establecido es porque se piensa que ese algo puede ser substituido por algo mejor. Así nace, con la duda, el sueño de un mundo feliz. En el corazón de la duda hay una espiga de esperanza. La fe origina un sistema de hipotecas espirituales.

Se cree o no se cree: no se puede creer a medias, un poquito si y un poquito no. La fe es absolutismo puro. Se cree en el absurdo. La fe del carbonero es lo perfecto. Porque la duda abre fisuras que se ensanchan progresivamente. La fe y la creencia se interdependizan. Así cuando tengo fe en algo o en alguien -no se puede tener fe abstracto- un ídolo, un ser, una divinidad, un credo, una moral, una doctrina, una autoridad, supeditó los hecho de mi conducta a fin de compaginarlos con el imperativo de mi fe. De otro mundo defraudo mi fe y me defraudo a mí mismo. Me convierto en “sepulcro blanqueado”. El hombre con fe es feliz. Tiene contestadas las preguntas hirientes que se formula la conciencia. Más: no hay preguntas: las suprimió en nombre de la fe. La fe conduce a la tranquilidad, al equilibrio, a la contemplación nirvánica. En cambio: el que duda agoniza -con el sentido de Unamuno- . Camina, busca y anhela. La duda lo impulsa. Dijo el viejo poeta inglés: Desire in my heart ever urges my spiritu to wander. La duda moviliza al deseo; el deseo pone alas a los pies. La inconformidad se sustenta con dudas. Si estuviéramos seguros de la existencia que disfrutamos, no iríamos a ninguna parte a descubrir otros mundos. La duda es semilla: de ella nace y germina la utopía. Porque la duda tiene su propia fe. La fe de la duda.

Revela Simbad: “Verdaderamente disfrutaba de la más sabrosa vida, cuando un día entre los días asaltó mi espíritu la idea de los viajes por las comarcas de los hombres; y de nuevo sintió mi alma con ímpetus el anhelo de correr y gozar con la vista el espectáculo de tierras e islas, y mirar con curiosidad cosas desconocidas, sin descuidar jamás la compra y venta por diversos países”.

La duda es el principio, la incitación a un viaje. Escudriñad las escrituras. Así aconseja El Rabí de Galilea. Luego, le dice a Pedro: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? y, todavía se asienta: La fe os hará salvos.

Pero nosotros estamos elogiando la duda, como fuente de sabiduría. Sólo el que busca encuentra; sólo el que llama consigue que la puerta se abra; sólo el que duda busca, llama y entra.

Pensándolo bien, el insomnio es algo así como la duda del sueño; la interrogación del sueño; la incógnita por descifrar; respuesta está dentro del sueño, para lo cual la duda, el insomnio, prepara al espíritu.

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