LA PESADILLA.

Por: Teodoro Couttolenc Molina

Siempre igual, la pesadilla se presentaba con regularidad espantosa. En el sueño, caía y caía en un precipicio sin fondo hasta que despertaba sudoroso, frío y asustado.

El psiquiatra aconsejó: “En esa caída está el secreto y no debe ser tan negativo. De ese sueño podríamos obtener valiosa información. No siga truncando su desarrollo, ponga toda su energía en no despertar, deje que la aventura concluya como deba concluir”.

Otra noche, otro sueño similar. Apretó puños y mandíbulas, tensó brazos y piernas, y cerró con fuerza los ojos para no despertar. Jamás lo hizo, murió estrellado en el fondo del abismo. Consternado, el psiquiatra comentó: “Nunca creí que tuviera sueños tan reales.”