EL HUESPED DE UN MAL SUEÑO

Por: José Muñoz Cota

(In Memoriam)

No sé dónde escuché esta historia y no me hago responsable de su dibujo.

El realismo auténtico es el que no se parece a la realidad; pero que tampoco refleja un sueño concreto.

La historia -realmente verdadera dentro de su magia-, dice así. Todas las noches, el joven esperaba la llegada de un barco extraordinario, de pronto descolgado de la distancia.

El capitán era un viejo tiburón de mar y fumaba horizontes con aromas exóticos.

Todas las noches conversaban. El capitán, era el sacerdote de una religión de piratas, robadores de ángeles que luego llevaban a vender a pueblos habitados por nubes.

El capitán me invitaba a sumarme a su tripulación puesto que era ya el hombre fuerte que le aguardaba con la paciencia de un cronista que no sabe escribir.

Pero no me decidía a huir de mi mundo y penetrar a la caverna marítima de las aventuras.

Me retuvieron siempre las recias raíces de una cabaña cerca del mar; un gato de cariñosos ojos infernales y una colección de libros con el relato de Sandokan y el capitán Yáñez.

No obstante era fiel a la próxima cita. El capitán era amigo de numerosas sirenas: casi su cómplice y, además, viudo de Circe, matrimoniada con el después de que el tramposo de Ulises la abandonó sin divorciarse siquiera.

Una noche –no estoy seguro si fue la noche una, pasadas ya mil- acepté por fin, su propuesta y me embarque con mis ojos como única valija. No he retornado todavía.