LA REJA

POR: TEODORO COUTTOLENC

 

Yo la mandé forjar. Poderosa, cumple su destino con creces.

Sus barrotes son de hierro fuerte para que nadie pueda destruirla.

Para que, todo aquello que guarda, por dentro permanezca

con absoluta seguridad.

 

Mantiene fuera cualquier peligro sin que se acerque ni la trasponga. Sólo la pasan las brisas con su séquito de exquisitas fragancias,

los sonidos con su carga de gritos de adultos y risas infantiles.

¿Pero qué guarda de mí? Las pequeñas correrías,

pero también los anhelos y la libre idea.

Todo se queda aquí. Yo mismo. Sólo el espíritu se siente complacido olvida los barrotes de la horrible cárcel…

 

Alrededor hay perfumes, en el aire y en los estantes me hablan

-mudas e insomnes- las letras de mis libros…