GORDO.

POR:TEODORO COUTTOLENC

Muro sordo a las lamentaciones, apenas lo oyó sin siquiera mirarlo, y le espetó: “Si no adelgazas no podremos volver. Bonita me vería yo, una señorita de la mejor sociedad, hermosa según dicen todos, bonita me vería con semejante ajolote”.  Con pesar, el pobre obeso volvió a implorar el amor: “Ya te dije que cuando algo me preocupa, engordo. Si no vuelves conmigo, seguiré engordando no sé hasta cuándo ni hasta cuánto”.

–  “Ah, sí? –gritó ella-. Pues hemos terminado para siempre, lo oyes? Y revienta si quieres, sapo maldito, porque…”

No terminó la frase, pero le tomó varios días despegar de su cuerpo y de sus ropas la piel y las vísceras dispersas del pobre gordo…