EL MINUTO FATAL

POR: TEODORO COUTTOLENC

(In Memoriam)

 

Si este fuera el momento de pedir perdón,

el instante supremo de la vida, el último…

La memoria ultraterrena dictaría: en el viaje sin metas ni bagaje,

sin la voluntad de revivir abriles de primaveras sazonas

y glándulas rebosantes.

Nada llevaremos de estos sitios. Todo es nada más que ceniza,

el sol central aviva y calcina, sólo la tierra es madre pródiga…

 

Nada, nada que aquí ocurra nace fuera de natura.

Enlazado está el espíritu con cuanto existe y todo junto

sólo es parte ínfima del Uno.

De modo que todos somos salvos por la virtud del verbo

Que vive en nuestro ser, porque el Creador lo es todo

desde la constelación hasta la brizna desde el «abajo” hasta el «arriba».

 

Nada hay nuevo o sobrenatural porque proviene de él.

Si éste fuera, pues, el minuto fatal, reconocer el sentido divino

de la vida bastaría. Eso tan sólo… Y nada más.