QUE LAS ESCRITURAS ME PROTEJAN.

Por: Teodoro Couttolenc

Sus propios hijos le exigen saber por qué los bienes del abuelo difunto han sido entregados a don Israel, el tío, cuando todos saben que él, Isaac, era el hijo predilecto, el primero, el legítimo y el único con derechos frente a aquel bastardo: “Y así lo dice la Ley”, le gritan.

Piensa. Piensa. Finalmente exclama:   -“Idiota de mí. Si hubiera sabido el valor de ese desgraciado plato…”

Acosado, se refugia en un rincón. Se acuclilla mascullando. Ellos se acercan y le oyen decir:

-“Carajo… otros hacen cosas peores, Señor… no los castigas… yo por un plato… un solo plato… – se revuelve, con la ira en sus entrañas mira al cielo para gritar-: y total, a mí ni me gustan las pinches lentejas!”