PEDAGOGÍA Y LIBERTAD

POR JOSÉ MUÑOZ COTA

(In Memoriam)

Ha habido escuelas de libertad –o de aparente libertad-; esto es cierto.

No analizaré las escuelas de Tolstoi, la de Tagore, la del uruguayo Jesualdo.

El sofisma -la falacia- puede consistir en presumir de libertad para imponer una doctrina autoritaria. Digamos, como en el caso del poema pedagógico -que así llaman a la escuela “Máximo Gorki” que funciona con niños inadaptados a quienes se reincorpora a la vida social -en la URSS, de lo que están tan orgullosos. Porque, ¿qué libertad puede compaginarse con la doctrina que presupone la dictadura como premisa fundamental?

Mussolini educaba a los “balillas” para dominar al mundo; Hitler a sus camisas pardas -desde infantes- para imponer a la raza aria; los bolcheviques -a la sombra constante de Stalin- para que los “proletarios” eliminen a las demás clases, mediante la dictadura más feroz, y se queden únicos en la tierra como los elegidos del Señor perduraron en el Arca Sagrada después del diluvio.

Lo que nosotros soñamos es en una educación sin dogmas, a base de libertad, de respeto a la personalidad creadora de cada niño, para que el hombre, producto, como es obvio, de su niñez, su adolescencia y su juventud, sea un hombre sin temores, sin obediencias, sin servidumbres, un hombre libre que convive con hombres libres y a base del mutuo respeto realiza los altos fines de la bondad, de la belleza, de la justicia, o, mejor dicho, los altos fines del amor.