Los idus de marzo, a 90 días de las elecciones.

Por Mouris Salloum George

Las lunas vacías de estas noches de marzo han dado material e imaginación para todos los seres humanos de todas las épocas.  Atizan la angustia, desprotegen al vulnerable. Muchas veces han contribuido a descubrir la fragilidad y otras tantas refuerzan el implacable atropello de la vida, por parte de los amantes de la violencia.

El concepto romano de los idus de marzo, fue un legado del Oráculo de Delfos, de los agoreros lectores de las calendas griegas, de los intérpretes del futuro y de la fortuna, de los lectores del cielo que señalaban las lunas de estas noches como propicias para los augurios.

A pesar de que muchos crean que sólo se trata de una connotación espiritual, por estos días en el año 44, a.C. fue asesinado Julio César. Algunos autores cuentan que un adivino ciego le abordó en la calle y le dijo:” guárdate de los idus de marzo”, aterrorizando a Calpurnia, la esposa, pero no al César, que siempre iba sin escolta personal.

El César, el mismo que llegó a decir que prefería ser la cabeza de una aldea que el segundo en Roma, y que no sólo era igual o peor que cualquier ser humano, sino que aventajaba a todos en su obediencia lacayuna y en la crueldad para masacrar a los demás.

El que describió en sus biografías la Batalla de Alejandría, pero silenció el desastroso incendio de su milenaria biblioteca. Los grandes historiadores de su época, Flavio Josefo, Estrabon, Appiano y Cicerón callaron, ninguno se atrevió a contradecir la versión escrita del César.

Los únicos que se atrevieron fueron algunos senadores y patricios republicanos opuestos al Imperio, que consideraban al César como un tirano.

Lo real es que Bruto actuó. Y aprovechando la leyenda, los terroristas de derecha traen durante los idus de marzo la matona al cinto. Temen por las invasiones de los pueblos bárbaros, por las protestas de los hambrientos, por el exacerbado autoritarismo, por las epidemias. Temen porque su lugar en el mundo no está preconfigurado.

Temen porque las lunas vacías de marzo revelan un peligro latente: la ultra conservadora cultura del miedo, que entroniza la seguridad excesiva como objetivo esencial, por encima de la vida o de cualquier otro, mientras viola sus cimientos. Son los dueños de la espada y del cañón.

En los idus de marzo las reglas de la mentira y de la sospecha ubican al margen de la ley a cualquier ser pensante o diferente. Es el retorno a las cavernas, de la mano de la derecha más reaccionaria.

La cultura y las amenazas del miedo reaccionario son la antesala favorita de todos los despotismos. El caldo de cultivo ideal para el florecimiento de todas las tesis de derecha. El mejor termómetro para saber cuándo se ha secuestrado cualquier asomo democrático.

La inyección letal del miedo a los adversarios se identifica ancestralmente como la medicina idónea de los conservadores para atacar la razón, la solidaridad humana y el raciocinio elemental. Allí donde hay miedo, siempre hay una clase gobernante que le tiene terror a la libertad y a perder sus privilegios antinatura.

A noventa días de las elecciones no dejemos que los idus de marzo se apoderen de nuestras angustias.