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LA CUEVA DE LOS SOLDADOS.

Para los habitantes de la congregación de Chavaxtla, del municipio de Huatusco, Veracruz, no es desconocido escuchar hablar de la cueva de los soldados a la que también a veces le dicen de los gendarmes.

Para llegar a ella es necesario realizar una extensa caminata.

Llegar primero al paraje conocido como La víbora, ya se imaginarán ustedes porque, después, descender entre dos riscos que forman una garganta a la que le llaman el bajadero de Los Cuates y cruzando este sitio se abre un paisaje verdaderamente espectacular.

Un espacio abierto que no alcanzamos a admirar con la vista a cuyo fondo serpentea un rio de aguas muy limpias.

Bajamos la cuesta de este valle y la caminata se desarrolló a la vera del río, las aguas transparentes nos permitían observar los peces que habitan en ellas, entre ellos unos de colas muy largas a los que llaman “gallitos”.

Después de mucho rato y bastante calor arribamos por fin, subimos una cuesta a la acceder a la famosa cueva de los soldados.

¿Y porque famosa?

Pues porque cuentan que aquí, en tiempos de la revolución, se ocultaba un grupo de rebeldes que al amparo del movimiento social atracaban y robaban en los pueblos y venían aquí a ocultar el producto de sus fechorías.

Y algo debía haber de verdad ya que la cueva, de regular tamaño y altura estaba excavada por todas partes y grandes hoyancos se abrían por aquí y por allá.

Como nuestra intención solo era conocerla nos dedicamos a recorrerla sin afán alguno de llevarnos algún centenario o pieza de plata.

Pero si nos llamó la atención tanta destrucción ya que algunas excavaciones se veían bastante viejas.

Además de los hoyos, la evidencia de que si se ocupaba fueron algunos objetos que encontré en un rincón de la caverna, entre ellos un par de botines viejos bastante maltratados y algunos vasos de vidrio muy antiguos.

De regreso pasamos a la casa de don Liborio Sampieri (q.e.p.d.) a descansar un rato y a reponernos de la agotadora jornada.

Allí don Liborio me platicó del tesoro que se encuentra en su terreno, pero de eso platicaré en otra ocasión.

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