JUVENTUD, DIVINO TESORO.

Por: José Muñoz Cota

(In Memoriam)

El planteamiento del problema de los jóvenes es defectuoso. Falta claridad y justeza; austeridad y sobriedad en el juicio.

Dialécticamente: la juventud es un tesoro; primavera; eclosión de vida. La juventud no es nada. “Es un defecto que con el tiempo se quita”; Síntesis: la juventud es un tránsito; un puente entre la adolescencia y la edad madura. No se vive para ser joven para llegar ser hombre. La juventud vale, entonces, como promesa y como compromiso. Existe el compromiso de llegar a la hombría cabal, integral, creadora. Compromiso con ella misma; con los padres; con la escuela; con la sociedad; con la patria: con la humanidad. Se puede no alcanzar la hombría. ¿Cuántos jóvenes no han fracasado en el camino? ¿Cuántos no ascienden a la madurez? Biológica o psicológicamente, abundan los jóvenes que no superaron su edad mental. No serán hombres con la dimensión superior de la Hombría…

¿A qué jóvenes nos referimos? ¿A los obreros, a los campesinos, a los empleados? Los campesinos jóvenes no tienen ni gozan de su juventud; van al surco igual que los adultos y los viejos; el campo reclama por igual a los varones y a las mujeres. Los jóvenes saltan su edad y laboran sin distingos; igual cosa acontece a los obreros. No hay en la vida sindical una división en relación a la edad; son iguales. De donde se deduce que los únicos que viven su juventud -con sus privilegios especiales- son los estudiantes.

Ser estudiante constituye, pues, un privilegio. Miles de jóvenes confunden su existencia con adultos y ancianos. El estudiante se prepara para ocupar un sitio -de élite- en la sociedad, mediante el título profesional. Todo profesionista -dentro de esta estructura socioeconómica- está capacitado para conquistar un lugar privilegiado económicamente, ha estudiado para ganar dinero y vivir mejor que los jóvenes campesinos u obreros. No puede ser de otra manera en esta sociedad capitalista.

El estudiantado no es una clase social. No corresponde a la definición de clase. Y, en cierto modo, pertenecen a la clase pequeño burguesa. Aunque, hay que reconocer que las revoluciones las han hecho los pequeño-burgueses y los estudiantes han sido los precursores.