INOCENTES NIÑOS.

POR: TEODORO COUTTOLENC

Encaramados en el muro de un hotel al lado de la carretera casi solitaria a las seis de la mañana, los niños acarician pacientemente los rifles de perdigones obsequio de la tía Laura en la pasada Navidad. Se entretienen adivinando a lo lejos marcas y modelos de los vehículos que cruzan. Sólo al reconocer el coche de su tía gritan contentos y se parapetan en la pared, apenas a diez metros de donde ella pasará.

Al rato, lloran afligidos un fracaso más; pero, niños inocentes al fin, pronto se consuelan: esperarán la futura navidad y tal vez para entonces, si continúan portándose bien, la tía Laura les regale otros rifles… positivamente letales.