HE VIVIDO

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA (✟)

(In Memoriam)

LLENAR LOS VACIOS de los crepúsculos postreros. No hay tiempo para clavarios en la memoria como una colección de mariposas disecadas. Si después de vivir ochenta y tantos años, opte por inventar una biografía, resulta honorable adelantar los tiempos, antes de que mañana resulte tarde.

¿Qué piensa usted de sus alumnos, que anhelamos beber las ultimas gotas de sus palabras?

Pienso en ellos como en las hojas que retoñan de un árbol viejo. Es una forma de asirse al tiempo, de remendar las heridas, de pactar con las goteras que acribillan.

Soy hombre feliz que cumplió los mandamientos de la existencia: cultivé un amor que todavía perdura; procreé hijos discípulos y nubes, que a su vez florecen.

Amé a la palabra como a la tierra prometida, podé mis emociones a fin de que tuvieran las líneas cortas, si malas voces pronuncié, arrepentida está la lengua y ellas, por su parte y en fiera venganza, han colmado con espinas las islas del insomnio.

Perdonados me sean los rostros amargos que usé en ocasiones, quizá sea demasiado tarde para tocar a la puerta de mis enemigos -alguna razón tendrían en mi contra- y suplicar a ellos su misericordia.

Ya no me duelen -después de tantos viajes en redondo- las valijas que sólo traen fatigas, distancias y lejanías.

Quedan pocos papeles que digan algo de la aventura inaudita de vivir. Pero viéndolo bien puedo robar estos textos del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob:

“Vosotros no podréis comprender el sentido doloroso

de esta palabra: ¡UN HOMBRE!

He sido el enamorado perfecto de la vida: he vivido la novena sinfonía de Beethoven: y libado hasta la última gota el santo licor de la naturaleza y sin embargo -lo confieso-, no podría repetir el pacto de solidaridad de Amado Nervo: “Vida, nada me debes, vida estamos en paz”…

Es la serenidad bien plantada junto a arroyos de aguas, seguramente, pero estos postreros crepúsculos son pájaros de fuego que vienen incendiando el paisaje

Por eso digo, diré hasta en los brazos del naufragio: Recuerda, Vida, lo mucho que me debes. Continuamos la guerra de la sombra y la luz.

Es verdad que las edades se cuentan por los libros que se leen. Hubo época en que leí con ánimo religioso algunos libros de Maurice Maeterlinck. En uno de ellos, ¿El templo sepultado?, encontré esta frase como vivida en añoso castillo: “Plus est en moi”.

Me así a la sentencia como justificación de las ocultas tentaciones de llegar a ser.

Ya existo -me confesé-; me veo, me oigo, me palpo, hasta me sueño, en mi diálogo a una voz con el espejo, tengo la convicción de que existo, integro una parte del tiempo y poseo -en propiedad privada- mi propio espacio.

Supongo que no habrá duda de que soy yo. Cuando alguien vacila en cuanto a la elocuencia de planes que represento, de inmediato declamo estas líneas de Jorge Guillen, como prueba de presentación:

“Soy, estoy, respiro”.

Es evidente que soy el actor de mi existencia como aventura, como proyecto, responsabilidad, compromiso.

Soy el firmante de una letra de cambio a explazo y no puedo -como en el hermoso espiritual negro- esconderme debajo de la piedra, cuando la piedra también se está que mando.

Con todo y mi repulsión a la NADA, para saltar los muros del laberinto que me oprime, manifiesto mi vocación a TRASCENDERME

Para no diluirme en la nada, víctima del dolor, de la angustia, de la desesperación, ¡estoy asido al instinto de infinito; quiero trascenderme!

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