GOBERNAR ES CUESTIÓN DE POLÍTICOS.

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA (✟)

Tema siempre discutible es el debate que se hace cuando se habla de técnicos y políticos. Lo ideal sería, por supuesto la amalgama de la técnica y el sentido humanista; no solo el especializado en una materia o una rama del conocimiento, sino el hombre, con criterio universal, con horizontes humanitaritas, que usará de la técnica, mero instrumento, cabalmente en su justo valor de herramientas de trabajo, de medio para alcanzar una finalidad que, en última estancia, no puede ser otra que la realización de un hombre maduro, integro, universalmente solidario con los demás hombres.

La soberbia de sentirse técnico y, por lo mismo, superior a sus hermanos, impide ver con ecuanimidad la naturaleza del problema, desde el punto de vista general de la diferenciación de los medios y los fines, sin la cual se corre el peligro inminente del extravió en el laberinto de las palabras.

El sabio lo es en una porción de los conocimientos generales: sabio en botánica, en petróleo, en matemáticas, en medicina, en derecho; pero el sabio que lo sabe todo, siendo la sabiduría ilimitada por si, el sabio que pudiera contener en su cerebro la suma de los conocimientos humanos, no existe y es posible que no haya existido nunca. Cuando se habla de este tipo mítico –el caso maravilloso de Leonardo- se exagera hiperbólicamente y, además, no se hace la evaluación de la medida de esos conocimientos.

Pero el negocio de gobernar requiere otra naturaleza de técnica; a esta disposición la hemos denominado: política.

Es la política la que se supone capacitada para mejorar los quehaceres sociales. ¿Podría ser, entonces, un técnico de la economía, si el factor económico, según Marx, condiciona la manera de ser de los hombres y determina la conciencia de los mismos?

¿Podría ser un técnico en sociología, puesto que la sociología es la obligada a analizar la naturaleza del hecho social – tan complejo- y a evaluar las variadas constantes que lo señalan?

Si la economía fuera, en sí, una finalidad, tendrían tal vez razón; pero la economía no es una finalidad en sí; es, con todas sus limitaciones, un medio que influye tanto como otras manifestaciones de la vida, sin dejar de lado los elementos psicológicos, que no todos están condicionados por el imperativo económico. El amor, la religión, el arte, la ambición de poder etc., son factores determinantes de la manera de ser.

Volvemos: el futuro gobernante (hombre o mujer, joven o viejo) tiene que ser, para bien de México, un varón con cultura universal; no un sabio ni un técnico, sino un humanista que sepa, después, usar a los técnicos en su especialización.

Un hombre que no se improvise en la presidencia; sino que al llegar a ella, por sus por sus relevantes merito, ponga en acción su personalidad.

No un individuo que va a adquirir una personalidad en función del cargo que detente, sino que ponga en práctica sus cualidades ya bien probadas en los diferentes aspectos de su vida anterior.

Los economistas, técnicos de la economía, no han salvado a México de la ya crónica crisis que padece.

El alza de los precios en todo, pero particularmente en los alimentos, repercute en la acción de comprar. Es obvio que la gente pobre se abstiene. La clase media y la clase pudiente la consumen.

Los pobres, marginados, explotados, sector popular, como quiera que se les clasifique, integran la mayoría de la población, luego el fracaso de los economistas al no resolver el problema, es evidente.

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