FUEGOS FATUOS.

Por: Teodoro Couttolenc

Las tumbas alrededor, la pareja esperaba la llegada de medianoche para ver los fuegos fatuos. Al brillar algo, él se abalanzó. “Lo atraparé”, dijo a la dama al tiempo que sus manos se hundían en una sustancia pastosa, putrefacta. Quiso correr; no pudo. El miedo heló sus miembros. No consiguió gritar. Zumbaron sus oídos al caer en la cuenca del ojo de pavorosa calavera que se incendió con él dentro. Luego se empequeñeció y se sumió en el abismo de la más profunda tumba.