FIN DE LOS CUENTOS DEL TÍO PELÓN.

POR TEODORO COUTTOLENC MOLINA

Y “ora qué” díjose un día el más viejillo del mundo, que todos conocen como el Tío Pelón. Tenía todos los años de la historia y jamás había dado toque de trabajo. El Señor lo había dejado para muestra y escarmiento de las futuras generaciones que dicen los profes. Pero él siempre buscaba raja, aunque no la hubiera.

Su figura escuálida le daba compasión a Nuestro Señor y lo dejaba vivir y disfrutar para ver si la demás gente tomaba experiencia para salir delante de sus apuros porque como decía el Tío Pelón:” En todos lados las pasamos duras y no hay pan blando, sino dientes buenos, que, si no, lo remojamos”.

Y continuó vagando por el mundo. Y allí anda. Si lo quieres ver o deseas hablar con él, algún día llegará a tu tierra.