EL TÍO PELÓN Y EL SOBERANO

POR: TEODORO COUTTOLENC MEDINA

Recordaba con lágrimas en los ojos el Tío Pelón que durante la época en que se preparaba para boxear, tuvo ocasión de conocer a grandes luchadores, entre ellos a un hombre que por alto y fuerte hizo su compadre.

Después supo que ese mismo hombre, su compadre, era el famoso luchador enmascarado El Soberano, de quien no se explicaba cómo podía ganar todas sus luchas si era demasiado lento precisamente por su tamaño, musculatura y edad.

Una noche, al terminar este gladiador una lucha, bajó del ring por el lado donde estaba sentado el Tío Pelón.

El chavo-ruco pensó: Con su estatura y su tremendo cuerpo no es posible que nadie sepa que detrás de este lento enmascarado se encuentra mi compadre.”

Bajó de inmediato hasta el paso del luchador y acercándosele, le jaló la capa y le gritó:

“Compadre, Compadrito A…, salúdeme, cabrón”.

El luchador volteó indignado a verlo. Le lanzó tremendo machetazo que lo elevó tres metros sobre el piso, a la vez que le gritaba:

“Qué compadre, ni qué compadre. No me destape el incógnito, jijo de la fregada”

Y allí lo dejó tirado, entre palitos de paletas heladas, papeles de tostadas y envolturas de chicles y dulces.