EL TESORO

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA

(In Memoriam)

Lo he confesado. Yo asesiné a mi nana. Se llamaba Petrita. Era menuda y con muchos años sobre su espalda

Tenía el rostro arrugadito. Parecía una nuez. Tan delgada y frágil que solo por milagro no volaba

Se llamaba Petrita. De noche me contaba cuentos de aparecidos y fantasmas.

– “Una noche el Diablo se detuvo para mirarme. Yo, de joven, era hermosa como la mañana que baja de la sierra…

Si te duermes pronto -susurraba – te dejaré mi tesoro como herencia. Lo tengo escondido entre las cenizas del fogón. Nadie lo sabe ni lo ha visto; pero ahí esta. Lo cuidan varios leños encendidos que están a mis órdenes”

Y yo -lo confieso- deseaba su muerte para apoderarse de sus riquezas.

Todas las noches, antes del sueño, se encendían y se apagaban mis deseos.

Cuando una mañana, los familiares me dijeron llorando que la nana había muerto -la mató su corazón enfermo-, sentí, dentro de mi dolor, una alegría malsana.

Corrí a la cocina y revolví las cenizas.

Desde ese día, día de duelo, la sueño repitiéndome su promesa. Yo ya la había matado con el pensamiento. Soy culpable. Pero desde entonces, traigo las manos vacías.

Se llamaba Petrita. ¿No suena su nombre como si fuera llovizna?