El día que se soltaron los demonios.

* Sepelio del Padre José de Jesús Camo.

* 20 de junio de 1931.

Por Miguel Ángel Flores Rodríguez.

Después de haber sido herido a la salida de Chavaxtla el día 9 de junio de 1931, el padre José de Jesús Camo sucumbió a sus heridas el día 19 a las 2:45 de la tarde.

Durante todos estos días fue atendido y cuidado en la casa que se ubica en la avenida 3 y calle 9, irónicamente la misma calle del panteón.

Han querido insertar este hecho dentro de los eventos de la guerra cristera, pero ésta ya había terminado, otros rumores han tratado de distorsionar la realidad argumentando que el sacerdote tenía una amante en la zona de Chavaxtla y que por eso venía de allá y ese es un infundio imperdonable, la realidad después de analizar el tiempo de este evento es que fue el resultado de la inquina que existía en contra de los católicos y especialmente en contra de los sacerdotes.

La institucionalización del Estado Mexicano iniciada por Plutarco Elías Calles creando entre otras cosas un partido político, (el PNR que a la larga se convertiría en el PRI) con una gran influencia de los bolcheviques que habían implantado un sistema socialista en la URSS permeó a gran parte de las sociedades del mundo, aumentando el desprecio que ya se tenía en contra de la religión católica en la región, especialmente fomentada en el estado por el gobernador Adalberto Tejeda.

Baste decir que Úrsulo Galván y Manuel Almanza, el primero de Tlacotepec y el segundo de Elotepec de este municipio, ambos fundadores de la Liga de Comunidades Agrarias habían viajado a Moscú a un congreso campesino.

Regresaron plenos de los nuevos ideales que permitieron al gobernador organizar a los grupos de agraristas que le servían también para fomentar los ataques en contra de los católicos, formó los grupos de guerrillas en las localidades campesinas a los cuales dotaba incluso de armamento.

De modo que entendido lo anterior, queda claro que el ataque en contra del padre Camo se justificaba plenamente desde la perspectiva de los grupos agraristas, especialmente porque se le acusaba que desde el púlpito el sacerdote sermoneaba a la feligresía diciéndoles que no pelearan por las tierras, que si eran pobres era porque así lo quería Dios y estas ideas salidas de la autoridad de un sacerdote iban en contra de los intereses de las guerrillas y de las ideas del gobernante.

-Dicen que a los curitas no les entran las balas, vamos a ver si es cierto.

Hay quienes comentan que los disparos realizados al padre Camo fueron pura puntada de un grupo de muchachos que tenían la creencia que a los curas no les entraban las balas, pero esa fue otra manera de tratar de distraer los verdaderos intereses de los esbirros del gobierno.

Pues víctima de la misma maldad, al mes siguiente, el 25 de julio de ese mismo año el padre Angel Darío Acosta Zurita, caía víctima, en Veracruz puerto, de las balas de un grupo de matones que vestidos con abrigos militares entraron a la parroquia disparando contra los sacerdotes quedando herido el padre Landa y perdiendo la vida el padre Darío, hoy beato.

El padre Camo fue velado en la misma casa donde falleció y al día siguiente, 20 de junio, se realizó su misa y su sepelio.

El ambiente era tenso y angustioso, una muchedumbre acompañó al cortejo y tal estado de cosas se debía a los rumores que habían corrido de que durante el cortejo el padre iba a ser víctima de un sacrilegio, que el grupo iba a ser asaltado y su cuerpo robado y mancillado.

Vecinos de las rancherías iban preparados, allí estaban los vecinos de Tlamatoca, de Capulapa, de Ixpila y otros lugares dispuestos a todo, tanto hombres como mujeres, ya se habían puesto de acuerdo de que en caso de que hubiera una agresión se remangarían la manga izquierda para saber que eran compañeros.

El sepelio ocurrió sin contratiempos, pero al retornar alguien lanzó la alerta de que en las fincas se escuchaban ruidos de pisadas y carreras y ahí fue cuando se desataron los demonios, enseguida los que había acordado levantarse la manga lo hicieron y empezaron a agredir a todos aquellos que no lo hacían.

La violencia se extendió a todo lo largo de la calle 9 y rumbo al templo.

Don Marcos López q.e.p.d me contó que él con otros niños estaban viendo desde el parque y que corrieron a esconderse a la casa de sus tíos que estaba frente a la parroquia en la avenida 2 y que desde ahí fueron testigos como nombres armados disparaban desde el techo a los que venían llegando.

Otra señora que en aquel tiempo era catequista me narró como el padre Cordera tomó el copón de ostias consagradas y las metía por montones en la boca de quienes le rodeaban mientras que ellas con rajas de café golpeaban y contenían a quienes querían agredir al cura.

En las calles la violencia seguía, una señora llamada Luz iba con otras mujeres corriendo frente al templo de la Santísima Trinidad cuando el comandante de la policía les recriminó que que hacían en la calle, que se fueran a sus casas, la señora Luz sin decir palabra, sacó una pistola y dejó muerto al comandante de varios disparos.

Doña Salustia Ruiz, con pistolas y parque que traía en una bolsa las entregaba a los que andaban desarmados.

Las morunas resplandecían por todos lados y a todos aquellos que no traían la manga arriba sufrían la fuerza y violencia de los planazos.

Cosido a puñaladas quedó el cuerpo de un hombre que se llamó Juan Salazar en la esquina de la calle 11 y avenida 3.

Como dije al principio, los gremios de trabajadores se habían convertido en sindicatos y uno de los mejor organizados y que más hostigaban a los católicos era el sindicato de panaderos, sus oficinas estaban en la avenida 1 entre calles 9 y 11 abajito de donde está el kínder Rujiro Zúñiga.

Pronto fueron víctima de la furia dichas oficinas, los papeles y archivos fueron quemados y una máquina de escribir lanzada a la calle y destruida, iban detrás del líder llamado sostenes Palacios al que le decían El Negro, el cual, al ver la multitud trató de escapar por la parte trasera donde crecían unas matas de café pero intentando pasar los alambres de púas para salir a la avenida 3 fue alcanzado y victimado a puñaladas por la espalda.

Había un especial rencor contra este hombre porque se decía que había asaltado y robado a Monseñor Guizar y Valencia.

Fue tanta la saña y el encono que se tenía contra este personaje que una vez muerto le fue cercenado el pene y se lo dejaron metido en la boca.

Contra su voluntad, el padre Rafael Cordera fue obligado a disfrazarse de mujer y salir a escondidas hacia Chichiquila, le acompañaron durante un trecho, pero el padre les pidió que se regresaran y se fue solo.

A partir de ese día, Huatusco se quedó sin sacerdote y así estuvo un buen tiempo. Fue la época que todavía algunos ancianos recuerdan que, para confesarse, casarse, oír misa o bautizar, se tenían que trasladar hasta Chichiquila.

El templo quedó en el abandono y la hierba y el monte crecieron a su alrededor y no fue hasta el año de 1933 que llegó el padre Enrique S. Trejo que se reanudó el culto, aunque de manera clandestina.

Pero esa, es otra historia.