El coletazo económico que viene.

Por: Mouris Salloum George

Por lo que vislumbran los analistas internacionales, el ambiente de tranquilidad democrática en los Estados Unidos por la llegada al poder de los profesionales de Joe Biden, está para asustar a cualquiera: el producto interno bruto apunta para crecer  este año ‎por encima del seis por ciento.

Mouris Salloum George

Esto no sería noticia si observamos  que desde ‎hace cuarenta años no se había dado un repunte de esta naturaleza. Ha sido muy rápido y muy inesperado. La ausencia de Trump de la política estadunidense ha sido benéfica y crucial.

Durante la reunión virtual sostenida con el premier canadiense, Trudeau, se afianzaron las apuestas por la lucha por las energías limpias, el alto a la contaminación planetaria, la normalizacion en las relaciones laborales y los temas económicos de dar tranquilidad a los inversionistas locales y extranjeros. Ha jugado un papel fundamental tranquilizar a los socios tradicionales europeos del Mercomun continental de las viejas potencias.

De la misma reunión, se derivan sanciones especiales contra los vecinos que no se adapten a los nuevos tiempos. Usted sabe, son cuestiones de apostar por el futuro, en lugar de anclarse en las prácticas económicas y políticas del pasado. México se encuentra dentro de esa encrucijada.

Deberemos forzosamente de hacer un esfuerzo mayúsculo para ajustarnos a cumplir con las cláusulas del Tratado comercial que firmamos con Estados Unidos y con Canadá, si no estaríamos relegados a sufrir en carne propia en nuestros sectores exportadores. Lo que deberá reflejarse en el decrecimiento del empleo.

‎Sin embargo, para México, las noticias no son nada alentadoras. Como usted sabe, el banco mundial J.P. Morgan anunció que se retira de nuestro país,  derivando las operaciones menores en el funcionamiento del BBVA con los clientes que queden en el panorama.

Por si lo anterior fuera poco, las empresas extranjeras que han invertido en México la gigantesca  cantidad de doscientos mil millones de dólares, se dicen engañadas porque les cambiaron las reglas sobre las condiciones originales de producir energía eléctrica renovable, y ahora están dispuestas a acudir a los tribunales y Cortes del exterior para reclamar las indemnizaciones  correspondientes. Tienen las de ganar.

Si los apagones recientes en el territorio nacional habían significado un perjuicio económico superior al provocado por la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, imagínese usted esta nueva andanada, una sangría al erario por cantidades que ni imaginamos. No tenemos para pagar las indemnizaciones  correspondientes.

Un cálculo aproximado de las pérdidas que arrojaría esta situación que nos llegará inexorable, de sopetón, equivale a pérdidas multimillonarias en dólares, que según los más avezados analistas de la economía mexicana, correspondería a un decrecimiento de espanto.

Aseguran que si durante los años 2019 y 2020, el decrecimiento del producto nacional bruto apuntó hacia el menos diez por ciento, lo que en sí es un golpe seco a los bolsillos y al empleo, nadie puede asegurar que podamos resistir un decrecimiento del menos veinte por ciento, que hacia allá apuntan los recientes acontecimientos.

Un decrecimiento del menos veinte por ciento del producto nacional bruto no hay quien lo aguante.

En términos de empleo, comercio, industria, inflación y devaluación monetaria, están las cosas demasiado complicadas para nuestro país. No se vale ya echarle la culpa a nadie. ‎Sólo hay que ponerse las pilas.