“El camino más poderoso es la educación”

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Vivimos en un entorno donde desde temprana edad se nos enseña a hacer, tenemos una mirada que está muy habituada a poner etiquetas de acuerdo a la capacidad que tengamos para hacer en el mundo, para encajar de acuerdo a estándares capitalistas, pero poco se nos enseña del ser, cuando hablamos de este último es para encajar en roles predeterminados e incluso limitados según nuestras posibilidades. 

Pocas personas se atreven a ir más allá de esas etiquetas y las formas en las que nos han dicho que debemos actuar, generalmente ocurre cuando su conocimiento se expande y les abre nuevas posibilidades, de ahí que la educación pueda ser una de las herramientas más transformadoras. Así fue para Eufrosina Cruz Mendoza, quien recientemente habló en un podcast sobre su experiencia. 

En este podcast ella aborda distintos aspectos de la realidad de nuestro país, la desigualdad de las mujeres y la segregación de los grupos indígenas, que ocurre por no entender su cosmovisión ni su identidad cultural, por querer encajar su forma de ser en un hacer cotidiano que los saque de la “pobreza” que en el día a día entendemos como una carencia material, pero para ella la verdadera pobreza está en la mentalidad, en la cerrazón que puedan tener muchos ante las infinitas posibilidades de desarrollo. 

Eufrosina comparte una realidad de las comunidades indígenas, donde las mujeres llegan a estudiar en su mayoría hasta la primaria y son casadas a temprana edad sin cuestionar cuál es su voluntad. Ella se atrevió a romper con este estereotipo porque encontró en la educación una alternativa de crecimiento, el aprendizaje que tuvo en la escuela la hizo vislumbrar otros futuros, donde las mujeres pueden tener caminos distintos al matrimonio e incluso participar en la toma de decisiones del país.

Salió de su comunidad buscando un camino diferente y hoy además de activista, escritora y ejemplo de muchas mujeres, es diputada federal. Ahora espera que todos reaprendamos a ver la diversidad, que no se trata de víctimas sino de posibilidades, no hay pobreza hay oportunidades. Para ella la educación y el cambio de paradigmas debería comenzar en casa, pero cuando el hogar está lleno de etiquetas y limitaciones también está la curiosidad de los mundos del exterior.

Ella a través de un maestro vio que había otras posibilidades a las que ella vivía, gracias a nuevos sueños comenzó a imaginar qué había más allá de su montaña, comenzó a cuestionar su cotidianeidad, porque en su entorno la preparaban para ser mujer, no sabía de disfrutar su infancia. Menciona que en las comunidades no juegan con muñecas, les enseñan a ser tortillas. Su sueño es que una niña no tenga que llorar bajo una cobija porque su origen defina su destino. 

De ahí la importancia de una educación que abra nuevos panoramas para el mundo, donde entendamos la diversidad y sobre todo se abran los espacios para que todas las ideologías tengan un espacio y nunca más se tenga que vivir con paradigmas impuestos, pues el desarrollo se alcanza sin negar la identidad de todas las partes. 

Una educación que empodera es aquella que permite la verdadera transformación, que te muestra nuevas realidades, sin imponer, aquella donde prevalece el respeto por la diversidad de culturas, que da legitimidad a todas las realidades y nos invita a cuestionar todo lo que hay más allá de nuestro entorno. 

La educación es la herramienta más poderosa porque nos invita a ser libres, a entender cuáles son nuestros privilegios y cuáles son los puntos que aún tenemos pendientes por trabajar, para que las elecciones de nuestra vida sean por decisión y no por el origen, para lograr un desarrollo donde todas y todos seamos tomados en cuenta.