EL ALEGRE CHUPAMIEL

Por: Teodoro Couttolenc Molina

Como todos los festejos de la gente que habita la costa veracruzana los que se practican en Ciudad Lerdo de Tejada, no podían ser menos rumbosos o apasionados. Con una de estas reuniones se celebró el aniversario número setenta y dos del carismático líder familiar Enrique Rojas Geresano, quizá el último de los mayores de la “rojada” que aún agrupa tan sólo en Lerdo, Saltabarranca, Tres Valles, y otros pintorescos lugares a más de 400 familiares originales, sin contar los agregados por matrimonio y multiplicados por lo mismo.

Cuando la esposa lo ordena, es imposible negarse. La mujer simplemente dijo: – “¿Crees que podrías decir unas palabras para ofrecer esta comida a mi papá, hacer un brindis o simplemente felicitar a mi papá?”

Sabido de la orden que entrañan esas preguntas en labios de una mujer como la mía, con todo gusto accedí. Cuando me dirigí a los casi ciento cincuenta asistentes y quería decirles solamente que felicitaba al festejado porque no tenía más que decir, me di cuenta de que sí tenía y mucho que expresar de ese hombre pequeño, moreno y colorado, de modo que me levanté y dije:

-“Estimados invitados de la familia Rojas Huérfano, señoras y señores: Con gusto nos congregamos y compartimos los alimentos hoy, para celebrar los setenta y dos años de don Enrique Rojas Geresano, conocido mucho mejor por el sobrenombre que se ha sabido ganar en este lapso de su vida: el hermoso apelativo de CHUPAMIEL. (Los asistentes prorrumpieron en aplausos obviamente para el celebrante, por lo cual pensé que allí terminaba el extenso discurso. Todos sin embargo calmaron su efusividad en un alarde de continuar escuchando, al menos así lo hicieron saber excitándome para continuar, por lo cual proseguí:)

-“Pero ¿por qué CHUPAMIEL? ¡Ah! Porque este hombre sencillo y siempre sonriente para todos, ha sabido destilar la miel de su afecto y de su cariño sin excepciones: para sus amigos, para sus familiares, para su esposa y sus hijos y ahora, de manera preeminente, para sus nietos, a quienes sabe orientar y arropar con amor en todo momento

-“El poder de convocatoria de este hombre se demuestra por la presencia constante de sus hermanos, primos y demás parientes quienes acuden a su hogar. Porque nuestro estimado CHUPA jamás ha alentado lo que es vanagloria, sino que recibe a todos en su casa y comparte sus alimentos y sus bebidas (sobre todo éstas) con todos y a todos acoge con la sencillez y el afecto que son signo distintivo de CHUPAMIEL

-“Lo han dicho oradores y escritores y ha sido transmitido en correos por la internet: Un hombre puede acumular dinero, mucho dinero, y será rico; un hombre puede acumular conocimientos, muchos conocimientos, y será sabio; pero sólo aquel que muestra y siembra humildad es el que alcanzará la grandeza de alma el más elevado don de las almas, que sólo concede Dios. Y cuando hay humildad, en las personas no existen rencillas ni rencores. No se necesita entre ellas disculpas ni perdones, porque no debe haber humillación y siempre debe haber comprensión y afecto.

-“Esto es lo que nos ha enseñado a través de sus setenta y dos años de vida don Enrique Rojas Geresano. Hoy lo festejamos con nuestros mejores brindis y con estas palabras le decimos que le deseamos larga vida y felicidad personal y familiar. Muchísimas felicidades don Enrique.”

La fiesta continuó. Los invitados disfrutaron la barbacoa roja y blanca, que pareció exquisita. “Mejor la blanca que la roja” dijo Arturín Rojas Hernández, hijo de Arturo Rojas y Janet Hernández.

A los invitados se les obsequió con unos tequileros elaborados a base de alambrón; constaban de un depósito para botella de tequila y cuatro para los “caballitos”; se les dieron botellas de tequila y de brandy. Por ser Lerdo un lugar caluroso, se sirvieron generosas cantidades de cervezas heladas.

La celebración se extendió hasta la tarde y noche. Al otro día todo mundo seguía igual de contento.