¿De quién depende el éxito del populismo?

Por: Mouris Salloum George

A pesar de todos los esfuerzos para definir el populismo, éste es más difícil de lo que a simple vista parece. Muchos se han devanado los sesos para descifrarlo. Entre los académicos se usa de manera peyorativa, sólo existe una definición estratégica dentro del espectro izquierda- derecha, pero muy poco en concreto.

Mouris Salloum George

En términos de las corrientes políticas en uso, destacan aspectos como la simplificación dicotómica, es decir, el antielitismo en favor de los débiles, cuando se trata de la izquierda, o el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, cuando se trata de los enfoques desde la perspectiva de la derecha.

Muchos prefieren el pluralismo para los sistemas políticos adecuados, que no cae en los extremos, haciendo que el poder fluctúe entre todos los agentes políticos, equilibrando las diferencias; pero es demasiado corto el concepto, pues habría que definir qué tipo de pluralismo.

El populismo es definido como una ideología que se basa en la diferenciación y la oposición dualista entre el pueblo, visto como una entidad soberana y la élite, concebida como una expresión de desigualdad política no deseada. El calificativo de populista se usa habitualmente como un adjetivo peyorativo. Una categoría específica de populismo se utiliza en algunos casos para identificar políticos y gobiernos que emplean la manipulación para obtener el apoyo popular.

Todos tienen en común la hostilidad hacia los migrantes, combinada con recursos xenófobos. La preocupación exagerada por la seguridad interior como recurso para abandonar tareas humanitarias, o el simple rechazo hacia los derechos y libertades de las minorías diferentes como bandera.

En Europa, el populismo de derecha posee generalmente un carácter euroescéptico. Estigmatiza a los grupos de derecha que considera peligrosos para la sociedad, como los menos productivos y afirma existencia de conspiraciones contra el bien común; en el plano económico, apoya normalmente las medidas liberales.

La izquierda utiliza el populismo como anticapitalismo y antiglobalización. En el ámbito latinoamericano, el populismo se ha manifestado en diferentes países; algunos populismos han resultado en ocasiones benéficos, como ha sido el caso de Getulio Vargas en Brasil, Lázaro Cárdenas en México, Juan Domingo Peron, en Argentina. Han sido acompañados de medidas nacionalistas y cruzadas contra la pobreza, que desafortunadamente sus sucesores no implementaron.

Cuando el populismo no ha sido acompañado de programas, planeaciones y objetivos concisos de distribución del ingreso, han fracasado en todos los frentes, pues la puerta falsa de las distracciones aparentemente populares, sustituye a la implementación de medidas sensatas y razonadas para buscar el beneficio de las mayorías.

El populismo no es bueno o malo en sí; todo depende de las acciones programáticas que se ejecuten para el beneficio común. El populismo no es una ideología compacta, sólo es el adjetivo que se utiliza para calificar el resultado de las acciones.

Enardecer y exaltar a las masas, vociferar que se lucha por reivindicaciones postergada, echarle la culpa de todos los fracasos al pasado, es siempre mejor que afrontar la realidad. El populismo de derecha no tiene límites cuando se trata de apelar a los sentimientos patrióticos.

Lo que hace la diferencia es la inteligencia, la  intuición, la lógica y la sensatez de los que usan el populismo como sistema. Eso es finalmente lo que juzga la historia; como todo, depende de quién lo maneje.

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