AL PUEBLO NO LE GUSTAN LOS TECNÓCRATAS

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA (✟)

La imprecisión al connotar los términos que se usan en los quehaceres políticos, da lugar a errores lamentables o, cuando menos a devaneos impropios. Si lo que se busca es el deslinde adecuado de las palabras que se manejan en el campo de la política, entonces tendrán que estudiar, simple y llanamente lo que quiere decir cada palabra.

Declaramos, por ejemplo no usar las “teorías exóticas” de las revoluciones de otros pueblos y, curiosamente, damos vuelta a conceptos –que no acabamos de entender bien- tales, como dialéctica o materialismo histórico, lo cual implicaría todo lo relacionado con el marxismo.

Veamos otros conceptos: técnico y tecnócrata, o tecnócrata y político.

No se pueden barajar indistintamente estos vocablos. Técnico, -con definición casera- es el individuo que domina los medios más adecuados para hacer algo. Existen técnicos mecánicos, agrícolas, economistas, carpinteros y hasta técnicos de la educación.

El técnico es poseedor de una habilidad especializada. Se es técnico en algo concreto. No se es técnico, obviamente, en todo.

El técnico es más o menos preparado en su especialidad y, si se quiere, se puede dar el caso de un técnico en mecánica que rebasará los límites de sus conocimientos, hasta merecer que se le considerara sabio en mecánica, aunque el lenguaje no sea propio.

Ser técnico no invalida los derechos políticos ni lo obliga a determinada plataforma de principios. Un técnico puede ser católico militante, comunista, conservador o demócrata.

Todas las épocas han demandado técnicos, lo que ha variado es el grado de capacitación.

Los técnicos son pues, como todos los demás hombres, animales políticos. Están obligados, constitucionalmente, a ejercitar sus deberes y derechos ciudadanos.

El tecnócrata, en cambio es el que ejercita la tecnocracia, que es el gobierno en el que domina la influencia de los técnicos, de los especialistas, marcando con esto una actitud política, una forma de gobierno.

E l tecnócrata parte del supuesto de que el mejor gobierno será el que dirijan los técnicos.

Sin recato demandan la superioridad para que manejen los diferentes intereses nacionales. Esta pretensión los encarama por encima de los otros sectores sociales: obreros, campesinos y demás.

Pero, además, los tecnócratas pecan de soberbios. La vanidad es su escudo. Se sienten por encima del resto de la población. Su excusa se funda en el supuesto de que las variantes sociales de la actualidad, desplazan a los no técnicos, lo cual, entrañaría un sofisma.

El hecho social es más complejo que lo que ellos suponen. México –para fijar aquí el tema- urge de técnicos, pero no de tecnócratas. Entonces, podríamos decir: no necesariamente se oponen los términos: técnico y político; antes bien podrían complementarse.

En cambio el tecnócrata es un político que trata de imponer la supremacía de una supuesta clase, la suya.

Por otro lado, la tecnocracia invalida la democracia, porque esta no puede aceptar la existencia de una elite dirigente –los tecnócratas-, sino que parte de la igualdad en deberes y derechos, mediante el empleo de la libre emisión de la voluntad ciudadana. La democracia es dialogo, no monologo, aunque el monologo fuera técnicamente perfecto.

Los tecnócratas de hoy son los “científicos” del porfirismo. El tecnócrata no es apolítico, lejos de esto, es un político que desprecia a las masas.

El tecnócrata es elitista. Pertenece a la casta que divide el concepto general, vital de la cultura y supone que hay una clase privilegiada culta y la masa –campesina o urbana- es necesariamente inculta.

Que quede bien claro: hay diferencia entre técnico y tecnócrata. El técnico y el político no necesariamente se oponen. El técnico siempre es político aunque el político no siempre sea técnico.

En los Estados Unidos hay libros que estudian la tecnocracia. Los tecnócratas han fracasado, igual que los economistas, porque la vida es más que una técnica y una economía. Es, evidentemente más compleja.

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