AGUA, MARINERA SIN ANCLA

POR: JOSÉ MUÑOZ COTA

(In Memoriam)

 

Te escribo desde el mar,

donde la soledad del mar crece desnuda, tanto, que se la mira envejecer en cada ola.

 

Este es un mar introvertido; muy en su entraña dolorosa vive,

y se ve cómo crecen y mueren en su espuma los sueños.

 

No he descubierto al mar fuera de mí, que siento que este mar

que me envejece enredaba corales en mi sangre.

 

Están creciendo en olas los pájaros sin alas.

Dices que amas al mar y yo le temo como a nodriza de regaño sucio. Sus retobos reviven un huraño croar de rana vieja.

Tendido así de luna a luna se caen sus horizontes uno a uno, manchadas hojas de cuaderno roto.

 

Estoy aquí, sin irme, clavado en un adiós.

Y estás aquí, ¡oh mar sin mástil!, clavado tu también

con ancla insomne mientras huyen los días y las noches.

Estoy aquí, huyendo de no huirme, como huyen las olas de las olas. La soledad de la mar más angustiosa

porque es ausencia que se dice a gritos.

Estoy pidiendo al mar su signo: su eternidad tallada en cada ola.

Pero el mar es igual en cada viaje, no le vale la fuga, sigue quieto tatuado en la nostalgia de la tierra, con su piel agrietada de hoja seca. Pero el grito es igual, igual al llanto, no le vale la fuga, sigue quieto

con su rodar marino de silencios y ni viene, ni va, aquí se queda.

 

Olas, apenas tortura y goce, han rozado la arena.

 

Si desnudar pudieras a este mar verías, dentro del mar a otro mar niño contando sus leyendas. Si desnudar pudieras a este mar niño, verías a otro mar aún más pequeño como gota de sangre o como arena.

 

Cuando viene la noche rumbo al mar, el mar entre las sombras

saca a orear sus fantasmas.

El mar recuerda entonces sus mástiles ahogados y hasta su estrella rota, prima hermana de aquella tan limpia de Belén.

 

Los libros y los juegos, los rezos, y una lágrima que esconde

el mar romántico bajo sus apariencias de hombre de mar curtido,

que lleva sobre el brazo pintados tiburones.

Su afán sentimental, tan escondido, de niño, el más azul,

se escapó de la escuela una vez que pasaron remando las gaviotas.

 

Limpiando está su lágrima el mar, a punto de llorarla en esta noche.

Si desnudar pudieras esta lágrima verías, dentro de ella,

el alma en pena de sus viajes rotos.

Limpiando está su lágrima, ay, sin llorarla, escondiéndola está

entre sus escamas y aquí está nuestro mar otra vez,

con su arrugada pena de marino viejo.

 

Así es su angustia: saca la niebla de un corazón de espadas

y se pone a clavarla en el camino, porque nadie le vea

las angustias del alma.

 

Te escribo desde el mar.

Donde la soledad del mar crece desnuda, tanto, que se la mira envejecer con cada ola.