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LA PETLACOVA

Por Miguel Ángel Flores Rodríguez.

La petlacova se mueve como pez en el agua, colgando de las ramas de los árboles y pasando de una a otra en un extraordinario acto de acrobacia.

Y es que la petlacova es voladora, muchos la han visto por los manantiales desplegando sus habilidades y presumiendo ante los pájaros que ella también puede volar.

Pero la petlacova no tiene alas y mucho menos plumas, su cuerpo es largo y estilizado y sus hermosos colores forman anillos alrededor de su cuerpo en tonalidades de negro y amarillo.

Pero la petlacova tiene otras mañas poco conocidas, pues a pesar de ser una especie voladora, en algunas ocasiones también gusta de meterse en los hoyos que hay en la tierra.

Todos sabemos que esta es una costumbre que tiene la tlapapalcóatl que ahora llaman coralillo , y que cuando llega el tiempo de buscar chicatanas hay que andarse con cuidado pues es bien sabido que en cada hormiguero vive una tlapapalcóatl.

Nuestros abuelos nos enseñaron que la coralillo es la mama de las chicatanas y que por lo mismo las cuida celosamente, ellos la llamaban Tzincanantla .

Pues bien, resulta que en algunas ocasiones, la petlacova imita a su prima y se mete a los hoyos, y esto lo descubrieron 2 jóvenes campesinos de Tlamatoca a quien su hermana mayor mandaba a buscar el apetitoso manjar que suele ocultarse en dichas cavidades.

Era el mes de junio y con las primeras lluvias se aprestaron a buscar las apetecidas chicatanas, el día de la búsqueda es especial pues deben prepararlo todo para ir a buscar en la noche.

Esperar a que caigan las primeras lluvias del mes de junio, entonces ubicar el hormiguero en el que se va a buscar, estar atentos para ver si las hormigas obreras salen a trabajar el terreno, esto es, limpiar todo el entorno de yerbas y pastos que pudieran impedir la salida de las hormigas reinas y si es así, esperar pacientemente a que salgan para atraparlas.

Aquella tarde la hermana recomendó a los 2 adolescentes que se cuidaran mucho, les puso café para la larga espera, preparo los candiles para que se alumbraran, les dio sus mangas de hule para la lluvia y especialmente las protecciones que se deberían poner en los pies y piernas pues el ataque de las hormigas arrieras, las que ejercen el papel de soldados y que cuidan el hormiguero, es cruel y despiadado.

Se encaminaron entonces al hormiguero elegido y esperaron pacientemente a que las obreras limpiaran el lugar, vieron a las soldado hacer formación para cuidar a las futuras reinas y a los zánganos, la lluvia había dejado de caer y a la distancia se veía el resplandor de otros candiles portados por otros grupos de buscadores de chicatanas.

Entonces, ya casi para amanecer, el sonido esperado, el zumbar de alas experimentando el primer vuelo, las primeras chicatanas empezaron a salir pero ellos no se movieron, esperaron incluso que algunas iniciaran el vuelo, después vinieron las oleadas verdaderas, infinidad de hormigas aladas se atropellaban para salir por varios huecos, entre ellas, los zánganos también en loco frenesí empujaban por salir y fue cuando ellos empezaron a llenar los cubos que tenían dispuestos para la cosecha, le sacaron la mecha a los candiles para tener más luz y regresaron a la misma operación, con las manos, a puños recogían las hormigas sin importar las mordeduras de que eran objeto, la emoción no les permitía sentir el dolor, de pronto, en el hueco más grande, se movió algo brillante, no eran chicatanas, se quedaron quietos mirándose simultáneamente y mirando nuevamente el hueco, si, algo se movía en su interior, se retiraron un poco pensando que era la tlapapalcóatl, pero no, la tlapapalcóatl llega a medir cuando mas unos 80 centímetros y este animal se veía más grande.

De pronto emergió el monstruo, una petlacova que debía medir casi 3 metros.

Y aunque el animal no los agredió directamente, ellos no esperaron para averiguarlo, echaron a correr despavoridos en la negrura de la noche pensando que la petlacova ya los alcanzaba.

Donde empezó el espanto se acabó la cosecha, esa noche se perdieron hasta los candiles y los cubos y ese año no se comieron chicatanas.

Cuando le platicaron a la hermana lo sucedido ella cayó en la cuenta que la verdadera madre de las chicatanas era la petlacova.

Los hermanos crecieron pero jamás volvieron a buscar chicatanas en los hormigueros, si las comían pero solo recogían las que caían al amanecer en las milpas o en los potreros.

La hermana mayor no las volvió a comer jamás.

¡Como voy a comer chicatanas! Decía, ¡Si son hijas de la petlacova!

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