CON PLENITUD

Por el Lic. Miguel Ángel Flores Rodríguez

Y con tal intensidad he vivido, que no me arrepiento de nada; y creo que volvería a vivir cada minuto de mi vida de la misma manera, sin cambiar absolutamente nada.

La vida ha sido generosa conmigo a borbotones y mi Dios me ha brindado tantas cosas sin haberle pedido nada.

Me ha dado todo lo que he necesitado y un poco más, siempre un poco más.

Nunca soñé con llegar a esta edad pero así estaba escrito. Y vivo cada día con el mismo entusiasmo desde que era niño.

Todavía me asombran los amaneceres, aún me estremezco con las noches tachonadas de estrellas preguntándome como antes, que hay más allá.

La vida me ha cobijado siempre en el amor, con una madre que me amó en demasía y que lo sigue haciendo desde allá, desde las estrellas donde vive también una abuela que me amó tal vez más que mi madre. Un hijo que me manifiesta siempre su amor y me muestra el carácter con que encara la vida. Las mujeres de mi vida han sido muy hermosas y benévolas, atentas siempre a mis deseos y necesidades, entre ellas dos hijas hermosas y la mujer que aun hoy comparte mis días y que me abraza, me besa y me tolera a pesar de mis innumerables defectos y caídas.

Con un padre que siempre fue y sigue siendo mi guía, del que siento un orgullo que lamento no poder decírselo siempre pero estoy seguro que lo sabe y que  levantándome en sus brazos cuando era pequeño me hizo sentir gigante. Todavía, algunas veces, cuando las penas me aplastan, vuelvo a sus brazos para que me levante mientras pasa el vendaval.

En otras acudo al regazo de mi madre para que acaricie mis cabellos o acudo a la cocina de la abuela donde siempre había dispuesto un plato para mí

Y que puedo decir de mis amigos, de la familia que Dios puso a mí alrededor, sin ellos tampoco habría conseguido alcanzar las alturas a las que pude llegar. Ellos apoyaron todas mis iniciativas, estuvieron conmigo en mis más grandes aventuras, secundaron mis ideas y proyectos y hoy están atentos de mí, estoy seguro de que se preocupan por lo que me pase, pero más seguro estoy que seguirán construyendo a partir de mis ideas.

He reído lo suficiente y he llorado lo necesario para comportarme como un ser humano.

Levanto la cara al cielo y respiro profundo disfrutando el azul del cielo, la pureza del ambiente que me rodea, la bondad y la generosidad de quienes me han acompañado durante este tránsito por el planeta.

He tomado más café que Balzac y he caminado más que el judío errante. ¿Qué más puedo pedir?

¿Qué puede desear alguien que lo tiene todo?

Solo abrir los brazos y abrazarlos a todos con mi gratitud.

Y decirles que soy feliz, tan feliz que no me hace falta nada.