HISTORIA DEL TEMPLO DE SANTA CECILIA.

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Lic. Miguel Ángel Flores Rodríguez.

La historia del templo de Santa Cecilia corre aparejada a la historia de esta Ciudad. Ya desde la más remota antigüedad y mucho antes de que los españoles soñaran con conquistar estas tierras, este territorio ya se encontraba habitado.

Varios pueblos y en oleadas sucesivas fueron ocupando este espacio que les proporcionaba buenas condiciones para vivir.

Agua abundante y una vegetación exuberante brindaban abrigo a una enorme cantidad de animales que proporcionaban alimento a esos grupos que en un principio fueron cazadores.

Después al establecerse, la feracidad del suelo les proporcionó cosechas abundantes y buenos materiales para construir.

Así, hace tres mil años llegaron los olmecas, después toltecas, tlaxcaltecas, totonacos y finalmente aztecas, hasta que con la conquista finalmente se establecieron los españoles.

En el mismo lugar donde hoy se levanta el templo de Santa Cecilia edificaron sus primeros templos dedicados a sus dioses, ese sitio fue siempre lugar de veneración y respeto.

Conforme avanzó el tiempo los templos fueron hermoseados y agrandados hasta que llegó la conquista.

El hombre blanco trajo otras costumbres, otra lengua y otro dios.

Y su hermoso templo y sus dioses fueron destruidos, y en su lugar se estableció la cruz y se dispuso la construcción de un gran templo dedicado al dios de los cristianos.

Cuenta la tradición que cuando el gran Teocalli fue destruido, hasta sus ruinas llegaba Xochitlcuauhtla, una indígena de gran belleza, a orar y entonar dulces cantos que tanto semejaban el reclamo de la alondra enamorada como al saludo del cenzontle a los primeros albores del amanecer.

Adoptó como cosa suya la nueva religión de la cruz y un día se le apareció la sombra de Santa Cecilia manifestándole que deseaba se le erigiese un templo en ese lugar, el cual protegería y defendería de los maleficios del demonio. Como prenda de la alianza entre ella y sus futuros devotos, le entregó el Teponaxtli (instrumento musical antiguo) vaticinándole que sus notas se escucharían hasta el volcán y sus alrededores, sin embargo, hubo muchos problemas para llevar a cabo la construcción y una vez terminada tuvieron que lamentar diversos desastres que siempre la dejaron en ruinas.

Se ha intentado su reedificación a lo largo del tiempo, pero todo esfuerzo ha sido infructuoso, víctima de los desastres naturales y de los movimientos sociales todo intento de terminarla ha sido inútil, se cuenta que se quemó durante la independencia y que al finalizar el siglo XIX una cúpula recién terminada se vino abajo.

Alrededor de 1880 Don Carlos Arturo Hernández y doña Sofía González de Rebolledo hicieron un pacto: si él como jefe político construía la torre de la iglesia, ella donaría un reloj público para ponerlo en esa torre. Para construirla se buscó un estilo europeo que combinara con la arquitectura de la ciudad y que destacara desde cualquier punto del valle.

Para construirla se encargaron a todas las rancherías huevos de gallina en grandes cantidades con el fin de usar la clara en una mezcla y pegar las lajas volcánicas con ella. El encargado de la obra fue el ingeniero de ascendencia italiana Felipe Spota y se diseñó como una torre de la ciudad de Venecia, Italia. Su medida de piso a punta es de treinta metros y se terminó en 1898.

El reloj fue traído de Suiza y empezó a funcionar el primer minuto del 1 de enero de 1900. Por cierto, que al término de la torre esta se inclinó ligeramente hacia el norte y amarrada como estaba de la estructura del templo principal el frontispicio se fracturó quedando desde entonces roto y sostenido solo por sus propios muros, los pilares que adornan el frente también quedaron inclinados.

Cuenta la leyenda que una de las deidades a las que estaba dedicado el gran teocali se llamabas macuilxochitl (cinco flores) que era el dios protector de los músicos y que esa fue la razón por la que los evangelizadores decidieron dedicar este templo a santa Cecilia, patrona de los músicos, de los poetas y de los ciegos.

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa.

Se cree que el padrinazgo de la música le fue otorgado a santa Cecilia por haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos: su espíritu sensible y apasionado por este arte convirtió así su nombre en símbolo de  la  música.

No se conoce la fecha exacta de su martirio, aunque algunos historiadores lo ubican entre el año 177 y la mitad del siglo IV, de modo que pasaron más de mil años para que Cecilia se volviera patrona de la música ya que fue en el año 1594 cuando el papa Gregorio XIII le dio oficialmente el nombramiento.

Sin embargo, aquí en Huatusco, existe una especial veneración por esta santa de modo que desde la víspera de su fiesta se celebra una gran verbena popular y el atractivo especial es que se dan cita una buena cantidad de músicos profesionales y aficionados a cantar a la santa y a pedirle sus especiales favores y en la parte superior de la torre todavía es posible escuchar, como se escuchaba desde hace siglos, el sonido de la reliquia más sagrada que se conserva en el templo, nuestro preciosos  teponaxtle.

En tiempos antiguos las fiestas eran más fastuosas y en honor de la santa se organizaban incluso corridas de toros, actualmente se realizan con menos intensidad, pero no con menos fervor, a ella se han incorporado el grupo de concheros que realizan el sábado más próximo a la fiesta una velación en el interior del templo donde realizan alabanzas y cantos.

Esta es la historia del templo de Santa Cecilia, templo que estaba llamado a ser el más importante de la región, sin embargo y según cuentan, una antiquísima maldición de un teopixque cuauhtochca impidió su culminación.

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