DESDE HUATUSCO. | EL FIN DE UN EDIFICIO.

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Por Roberto García Justo

Cincuenta y seis años de pie, proporcionando servicio durante varios ciclos a generaciones de infantes que iniciaron su proceso educativo. No queda nada del edificio que con tantos sacrificios fue construido en un terreno ubicado sobre la avenida dos, a un costado del Templo de San Antonio de Padua. Todo comenzó en mil novecientos cincuenta y siete, se solicitó al Sacerdote Enrique Trejo y Domínguez la donación de un terreno donde almacenaba diversos objetos que los feligreses le regalaban para la terminación de su magna obra.

Dos años duró la gestión para que se concretara la expropiación del mencionado predio que quedó sellada en el Registro Público de la propiedad. A través de la Comisión de Ayuda Federal a Centros Escolares, se aprobó el presupuesto para que diera inicio la construcción de lo que sería el Jardín de Niños “Rujiro Zuñiga”. Siendo entregado ya terminado en mil novecientos Sesenta y uno. El nombre se debe a que los padres de familia acordaron tramitar la obtención de un edificio que llenara las necesidades de los párvulos.

En una asamblea general eligieron al ciudadano Rujiro Zuñiga para que los representara, ya que reunía los requisitos por ser una persona honesta y de buen prestigio. Acordaron salir a la Cuidad de Xalapa un día viernes veintiséis de Julio de 1946 por vía aérea, único medio de transporte que existía por aquella época. Pero un accidente por la falla de un motor hizo que la nave se desplomara sobre las laderas de Cinco de Mayo donde pasajeros y tripulantes perdieron la vida.

Por tal motivo, en recompensa a su invaluable entrega en favor de la educación preescolar, personalidades de la sociedad huatusqueña propusieron que se le rindiera un homenaje y que se le pusiera su nombre a la nueva unidad escolar. Cabe destacar que este corazón de la enseñanza para párvulos fue el primero en toda la región, su nacimiento surge en mil novecientos cuarenta y seis por la necesidad de que hubiera una modalidad antes de que los infantes se inscribieran en nivel primario.

Los interesados se reunieron con la directora de la Escuela Primaria “Juana de Asbaje”, la profesora Marcelina Aguilera de Colorado, misma que accedió para que compartirán un espacio en su centro educativo. De esa forma iniciaron labores en conjunto, hasta que el 17 de julio de 1947, la Secretaría de Educación reconoció oficialmente los estudios de este nivel. La lucha continuaba a medida que la matricula crecía por lo que se tuvieron que mudar a una casa particular en la calle siete norte propiedad de la familia Páez.

Su permanencia fue corta, ya que se cambiaron a los portales del Palacio Municipal, donde permanecieron cinco años fungiendo como directora la señorita Julia Méndez hasta 1951. Posteriormente entró la Maestra Celeste Castillo, quien luchó por incrementar el número de alumnos y obtener el permiso del Alcalde Francisco Rebolledo para funcionar en lo que es hoy la Biblioteca Municipal. Proporcionándole recursos económicos para acondicionarlo, los albañiles de la CTM se hicieron responsables de la mano de obra sin cobrar un centavo.

Sin embargo la preocupación de la Autoridad Educativa era notoria en virtud de que una barda los dividía con el Centro de Readaptación Social. En una ocasión los niños se llevaron el susto de su vida cuando escaparon dos reos saltando la pared que colindaba con el kínder. En el enfrentamiento los policías dieron muerte a los prófugos. En resumen, ahora esta pieza de hace tantos años la vemos demolida. Toda ella convertida en cascajo, era obsoleta, se dice que todo es en beneficio de las nuevas generaciones, quienes posiblemente estrenen nueva estructura, acorde a la modernidad.

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